Es cierto. Cuando gastamos dinero, nos sentimos bien.


“¡Espera, espera un segundo! ¿No se supone que era malo querer gastar dinero en bienes materiales?”, te preguntarás.

No, en absoluto.

Pero vamos a echar un vistazo al asunto más detenidamente.


Terapia de compras

¿Has oído hablar de la terapia de compras? En efecto, es lo que su nombre describe: hay personas que, cuando se encuentran tristes, se van al centro comercial a gastar dinero. Hacer una compra o dos les levanta el ánimo y les hace sentir bien.

Piensa en esa sensación al comprar una nueva prenda. Ese top, esa chaqueta o esos vaqueros pueden darte un empujoncito e insuflarte esa dosis de confianza que necesitas.

O imagina que, por ejemplo, coleccionas discos de vinilo y un día, navegando por internet, BINGO, encuentras ese ejemplar descatalogado de tu banda favorita que llevabas siglos buscando. Piensa en cómo te sentirás cuando recibas el paquete y sostengas el disco antes de reproducirlo por primera vez.

Nadie puede negar la felicidad que experimentamos en cualquiera de estos ejemplos anteriores. Sin embargo, ahí queda la cosa: adquirir bienes materiales sólo nos proporciona gratificación instantánea. Un arreglo rápido.


Gasta acorde con tus valores

Más importante que cuánto gastas es que lo gastes en aquello que refleja tus valores y con lo que te identificas. Por eso conviene no dejarse llevar por el primer capricho que veamos y pensar bien en lo que necesitamos o no.

Pero, como en todo, la clave se encuentra en la moderación. Hacer una compra puede hacerte feliz, y no tiene nada de malo, pero hacer muchas es posible que no tengan el mismo efecto con el paso del tiempo. Como con muchas otras cosas, desarrollamos tolerancia.


El placer de las experiencias

El verdadero debate es, en realidad, el de “gastar dinero para un momento temporal de felicidad” frente a “gastar dinero en experiencias que nos proporcionen un bienestar más continuado y sostenido”. Ya lo comentábamos en nuestro post sobre si da el dinero la felicidad.

Ya sea una prenda, un teléfono o un coche, cuando compramos cosas bienes materiales el subidón de la novedad se desvanece en cuanto el objeto pasa a ser parte de nuestra vida cotidiana.

El dinero que gastas en experiencias como vacaciones, partidos de fútbol, festivales de música o cenas con amigos, al contrario, contribuye más a nuestra felicidad. Esto es debido a que esas experiencias sociales crean recuerdos que perduran mucho más en nuestra memoria y, por tanto, nos proporcionan más alegría.


Pero entonces, ¿gastar nos hace felices o no?

La conclusión es que sí, gastar dinero nos hace sentir bien. Pero recuerda que comprar cosas no tiene nada de malo siempre y cuando seas consciente de que es algo temporal, un capricho como terapia de compras, pero que lo que está demostrado que lo que te hace más feliz es invertir en experiencias con amigos y familiares.

Así que, teniendo esto en cuenta, ¡a gastar con cabeza y a ser felices!



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