Muchos de nosotros hemos sido educados, si no de manera explícita, sí implícita, en que nuestra felicidad será proporcional al dinero que ganamos. Pasamos horas interminables en el trabajo para conseguir un salario mejor, un coche mejor, una casa mejor.


La creencia general es que cuanto más duro trabajes, más dinero ganarás; cuanto más dinero ganes, más podrás comprar; y cuanto más compres, más feliz serás. Sin embargo, hay multitud de estudios que desmienten esta idea.


El dinero da la felicidad sólo hasta cierto punto

Una vez tus necesidades básicas están cubiertas, añadir más dígitos a tu nómina no te proporciona más felicidad. Esto es lo que aseguran varios estudios, según este artículo de Cinco Días. Por ejemplo, el economista Richard Layard estableció en 2004 la frontera de la felicidad: 20.000 dólares anuales (sobre 17.000€). Más recientemente, en 2010, otro estudio lo elevó a 75.000€ al año (unos 65.000€).

La diferencia entre ambos números es muy alta y variará entre países, pero la idea que subyace es la misma: llegados a cierto nivel salarial, las subsecuentes subidas no nos satisfacen del mismo modo. ¿Por qué? Por la habituación. Si los estímulos que generan el placer se repiten en el tiempo, dejan de dar placer. El clásico “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.


No es lo que ganas sino cómo lo gastas

¿Significa esto que el dinero no puede comprar la felicidad? No exactamente. O eso es lo que aseguran otros autores, como Shawn Achor en su libro La felicidad como ventaja. Lo que importa, según Achor, no es cuánto dinero ganas, sino cómo y en qué gastas ese dinero: “El dinero da la felicidad, pero sólo si lo utilizas para hacer cosas en vez de tener cosas”.

Con esto, Shawn Achor quiere decir que el dinero puede aportar mucho a tu felicidad, pero sólo si se gasta en a) experiencias y vivencias y b) los demás. Ir a cenar con amigos, a conciertos, al teatro, etc., proporciona más placer que las compras materiales, como un coche flamante o una televisión de última generación. Además, gastar dinero en otras personas, como familia o amigos, crea más satisfacción que gastártelo en ti mismo. Piensa en cómo te sentiste cuando le diste una sorpresa a tu madre en su cumpleaños o ayudaste a aquel amigo a salir un apuro. Impagable, ¿no?


Conclusión: utiliza el dinero para vivir, no vivas para el dinero

Una cita de P.T. Barnum viene muy al caso: “El dinero es un duro patrón, pero un espléndido sirviente”. Es decir, que hay que darle la importancia que tiene, que es mucha, pero en su justa medida. Que no haya malentendidos: tener dinero suficiente para pagar tu casa, tus facturas y gastos imprevistos es crucial para disfrutar de una vida sin estrés. Tener aún más que eso hace añade aún más a tu calidad de vida y la de los tuyos. Pero, en realidad, el verdadero valor del dinero es que nos puede proporcionar experiencias y momentos que enriquecen nuestro día a día.

Así que, ahora, pregúntate: ¿estás gastando el dinero de manera que contribuya a tu felicidad?



Si el artículo te ha parecido interesante, pásate por nuestro blog para encontrar más artículos de este estilo.

¿Sabes lo que también te puede hacer feliz? Decir adiós a la banca tradicional. ¿Quieres una cuenta corriente 100% móvil sin comisiones y al instante? Abrir cuenta FerratumBank

Si tienes alguna duda, visita nuestra sección de Preguntas Frecuentes.



Los contenidos que forman parte de este blog no son información legal y por tanto en ningún caso deben ser considerados como recomendaciones ni consejos legales. Para obtener información específica sobre estas cuestiones, consulte por favor nuestros documentos legales y lista de precios. Para cualquier consulta no dude en contactar con nuestro departamento de Atención al Cliente ayuda@ferratumbank.es - Teléfono: 910 479 723